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La
reina Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, deseaba
con fervor que su hijo Carlos llegase a ser Rey de España, pero,
siguiendo el orden dinástico, antes les correspondía el trono a
los dos hijos mayores del rey, Luis y Fernando, ambos hijos de
su primera esposa, de la que enviudó. No obstante la reina no se
resignó a perder su influencia política y sus injerencias en los
asuntos de Estado fue grande. Luis I subió al trono en 1724 tras
la abdicación del rey, pero murió a los 6 meses de comenzar su
reinado, en agosto de ese año, por lo que Felipe V hubo de
reasumir la Corona, que ceñiría hasta su muerte en 1746. Este
año asumió la corona Fernando VI, quien, cansado de las
continuas interferencias de la reina madre Isabel de Farnesio en
los asuntos de Estado, le permitió construir un palacio para
mantenerla alejada de la Corte (que en este momento permanecía
casi de manera permanente en La Granja de San Ildefonso ). Fue
así como, siguiendo los deseos de Fernando VI, Isabel de
Farnesio mandó construir el palacio en 1751 en un antiguo coto
de caza en la provincia de Segovia.
Antes de finalizar las obras, el rey Fernando VI murió sin
descendencia, por lo que Isabel de Farnesio vió cumplido su
deseo y su hijo Carlos III, entonces rey de Nápoles fue llamado
para asumir el trono de España. Desapareció, por tanto, la
necesidad de trasladarse a Ríofrío, por lo que, aunque se
finalizó la construcción del Palacio, la reina nunca residió en
él.
El Palacio fue utilizado por los sucesivos soberanos españoles
cuando iban de caza a los bosques de Riofrío. Habitaron el
palacio de forma habitual Francisco de Asís de Borbón, rey
consorte y marido de Isabel II, que se retiró a Riofrío cansado
de las infidelidades de su esposa, y Alfonso XII, durante el
duelo por la muerte de su esposa María de las Mercedes. |